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Los cuatro temperamentos: historia de una idea de 2.500 años
De los humores hipocráticos a la psicología del temperamento: qué se ha querido decir con «sanguíneo», «colérico», «flemático» y «melancólico», qué ha resistido la evidencia y qué mide, y qué no, nuestro cuestionario.
Pocas palabras del vocabulario psicológico tienen una vida tan larga como «temperamento». Decimos de alguien que es «sanguíneo» o «flemático» sin pensar que estamos usando términos de la medicina griega. Detrás de esas palabras hay más de 2.500 años de historia, varias tradiciones médicas de Asia y Europa, algunos episodios oscuros y, en el último siglo, una ciencia del temperamento con datos propios. Este artículo recorre ese camino y explica dónde se sitúa el cuestionario de Maorama dentro de él.
Qué es un temperamento y qué no
Bajo la etiqueta de «temperamento», o de su pariente moderno «biotipo», se mezclan al menos tres cosas distintas. Separarlas es la mejor manera de no confundirse.
| Familia | Qué intenta clasificar | Ejemplos |
|---|---|---|
| Medicina tradicional | La disposición del cuerpo a enfermar, digerir o tolerar el frío y el calor; a veces también las emociones | Humores de Galeno, medicina Unani, Ayurveda, constituciones chinas, Sasang |
| Forma corporal | La forma y la composición del cuerpo | Somatotipo de Heath y Carter |
| Temperamento psicológico | Diferencias tempranas y estables en cómo reaccionamos y nos regulamos | Kant, Wundt, Eysenck, Rothbart, Kagan, Cloninger |
Entre la segunda y la tercera familia se coló durante el siglo XX una cuarta, la que intentaba deducir el carácter a partir de la forma del cuerpo. Es la de Kretschmer y Sheldon, y hoy carece de apoyo empírico.
La bisagra de esta historia es Immanuel Kant. En su Antropología en sentido pragmático (1798) distinguió con claridad dos sentidos de la palabra. «Fisiológicamente», temperamento significaba la constitución del cuerpo y la mezcla de sus fluidos. «Psicológicamente», en cambio, los viejos nombres tomados de la sangre y la bilis solo se usaban por analogía: servían para describir sentimientos e inclinaciones observables, no la química interna. Esa misma distinción sigue siendo útil hoy, cuando se ofrecen modelos que vuelven a mezclar cuerpo y conducta.
Una línea del tiempo de 2.500 años
De los humores a Galeno
La teoría de los humores se fija en el corpus hipocrático (siglos V–IV a. C.). El tratado Sobre la naturaleza del hombre, atribuido a Pólibo, discípulo de Hipócrates, establece cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. La salud sería su buena mezcla; la enfermedad, su desequilibrio. Un detalle que suele olvidarse es que la asociación de cada humor con uno de los cuatro elementos de Empédocles (aire, agua, fuego, tierra) no la propusieron ni Hipócrates ni Galeno, sino que llegó después.
En el siglo II d. C., Galeno de Pérgamo sistematizó la idea en De temperamentis. Su clasificación no tenía cuatro temperamentos, sino nueve. Uno era el equilibrado, la eucrasia o mezcla bien templada. Otros cuatro se caracterizaban por el predominio de una sola cualidad: caliente, frío, húmedo o seco. Los cuatro restantes, por el predominio de un par: caliente y húmedo, caliente y seco, frío y húmedo, frío y seco. Solo estos últimos llevan nombres humorales, y son los que han llegado hasta nosotros. Galeno los relacionó además con las edades y las estaciones (la infancia con la primavera, la vejez con el invierno) y, curiosamente, sostuvo que la flema no influía en el carácter.
La medicina grecoárabe y el Renacimiento
Avicena (Ibn Sina), en su Canon de medicina, terminado antes de su muerte en 1037, amplió el concepto de temperamento, o mizāj, a las emociones, la capacidad mental, la moral y los sueños. Su obra es la base de la medicina Unani, que llegó a la India en el siglo XII y hoy está reconocida oficialmente allí. En ella los humores conservan nombres árabes y persas: dam (sangre), balgham (flema), ṣafrā (bilis amarilla) y saudā (bilis negra).
Durante la Edad Media, a los temperamentos se les fueron sumando correspondencias con puntos cardinales, planetas, signos y tonos musicales. En el Renacimiento la melancolía adquirió prestigio como temperamento del genio, y la Melencolia I de Durero (1514) es su imagen más conocida.
En 1575, el médico navarro Juan Huarte de San Juan publicó el Examen de ingenios para las ciencias, un clásico en español que relaciona el calor, la humedad y la sequedad del cuerpo con las aptitudes de cada persona. Se le considera un precursor de la psicología diferencial. En el siglo XVII, el inglés Nicholas Culpeper habló de un temperamento primario y uno secundario, una idea que reaparece en modelos actuales con otros nombres.
Kant, Wundt y el giro psicológico
Kant, como vimos, separó el uso fisiológico del psicológico. Además, ordenó los cuatro temperamentos en dos grupos: los del sentimiento (sanguíneo y melancólico) y los de la actividad (colérico y flemático). Hacia 1850 la teoría humoral se abandonó en medicina, pero los nombres sobrevivieron en la psicología.
Wilhelm Wundt, uno de los fundadores de la psicología experimental, dio otro paso a partir de 1874: reinterpretó los cuatro temperamentos con dos dimensiones, la intensidad de las emociones y la rapidez con que cambian. Así, el colérico combinaría emociones intensas y rápidas; el melancólico, intensas y lentas; el sanguíneo, débiles y rápidas; y el flemático, débiles y lentas. La idea de que los cuatro tipos pueden leerse como cuadrantes de dos ejes viene de aquí.
Steiner y la escuela
En 1909, Rudolf Steiner dio en Berlín una conferencia titulada Los cuatro temperamentos. Sus ideas pasaron a la pedagogía Waldorf, que todavía las usa en el aula. Es un uso histórico y pedagógico, no científico, y plantea una cuestión delicada: la de poner etiquetas de carácter a la infancia.
Kretschmer y Sheldon: el cuerpo como destino
En 1921, el psiquiatra alemán Ernst Kretschmer publicó Körperbau und Charakter («constitución corporal y carácter»). Distinguía tipos pícnico (redondeado), leptosomático o asténico (delgado), atlético y displásico, y los relacionaba con la sociabilidad, la timidez y ciertos trastornos mentales. El propio Kretschmer reconocía que las relaciones eran débiles, y hoy esa asociación entre cuerpo y personalidad no tiene influencia en la investigación.
William H. Sheldon fue más lejos entre 1940 y 1954. Propuso tres componentes corporales, endomorfia, mesomorfia y ectomorfia, que creía innatos y ligados al temperamento. Su trabajo merece una advertencia ética. Sheldon era eugenista y aplicó sus tipos a la delincuencia juvenil. Para su «psicología constitucional» se tomaron miles de fotografías de estudiantes universitarios desnudos sin un consentimiento explícito, un caso que el periodista Ron Rosenbaum sacó a la luz en 1995. Su propia colaboradora, Barbara Heath, le acusó de falsear datos. Por estas razones, en Maorama no pedimos ni analizamos fotografías del cuerpo.
Eysenck: los cuadrantes
A mediados del siglo XX, Hans J. Eysenck propuso dos grandes dimensiones de la personalidad, extraversión y neuroticismo (estabilidad o inestabilidad emocional), y señaló que sus cuadrantes coincidían con los cuatro temperamentos clásicos: el sanguíneo, extravertido y estable; el colérico, extravertido e inestable; el melancólico, introvertido e inestable; y el flemático, introvertido y estable. Fue el propio Eysenck quien propuso esta correspondencia, que da a los nombres antiguos un lugar dentro de un modelo medible.
Heath y Carter: medir el cuerpo sin hablar del carácter
En 1967, Barbara Heath y J. E. Lindsay Carter conservaron los tres componentes de Sheldon, pero los calcularon con medidas antropométricas: peso, talla, perímetros, diámetros óseos y pliegues cutáneos. Su somatotipo se usa en el deporte y la antropometría, y no atribuye ningún rasgo de carácter. Es la prueba de que la forma del cuerpo se puede medir con rigor sin que eso diga nada sobre la personalidad.
La ciencia actual del temperamento
Desde los años noventa, el temperamento es un objeto de estudio con datos propios. Mary Rothbart lo define a partir de la reactividad y la autorregulación, y lo sigue desde la infancia. Jerome Kagan, en Galen’s Prophecy (1994), conectó sus estudios sobre la inhibición conductual infantil con la intuición de Galeno: hay diferencias tempranas y estables en cómo reaccionamos ante lo nuevo. C. Robert Cloninger propuso un modelo psicobiológico que distingue el temperamento del carácter. Los estudios con gemelos sitúan la heredabilidad del temperamento entre el 30 y el 60 %, y el ambiente también lo modula. Pero todo esto se mide con cuestionarios y observación de la conducta, no con la forma del cuerpo ni con fluidos.
Otras tradiciones constitucionales
Fuera de Europa existen sistemas con historia propia, que no conviene presentar como «equivalentes» de los cuatro temperamentos:
- Ayurveda. Distingue tres doṣa: vāta, pitta y kapha. La proporción de cada uno, fijada según la tradición en la concepción, es la prakṛti. Cuando quince médicos ayurvédicos evaluaron a las mismas veinte personas, su acuerdo sobre la prakriti fue bajo (kappa medio de 0,28).
- Medicina Sasang. El médico coreano Yi Je-ma la formuló en 1894 con cuatro tipos (taeyang, soyang, taeeum y soeum), definidos por el tamaño relativo de los órganos. Procede de una tipología de cinco tipos del Ling Shu, un texto clásico chino, y hoy cuenta con cuestionarios propios.
- Las nueve constituciones de Wang Qi. En la medicina china contemporánea, el grupo de Wang Qi describe nueve constituciones, una de ellas equilibrada, y un cuestionario (CCMQ) que en Hong Kong mostró una fiabilidad aceptable. Aun así, su concordancia con el diagnóstico médico fue limitada, y más de una cuarta parte de las personas cambió de constitución en seis meses.
Estos instrumentos miden, sobre todo, tendencias de salud autoinformadas, no personalidad. Y las equivalencias que circulan, del tipo «pitta es colérico», no están documentadas en fuentes fiables.
Autores contemporáneos: los «biotipos»
En los últimos años se ha difundido en español, a través de podcasts y talleres, el modelo de cuatro biotipos de Rodrigo García Platas. Conserva los nombres y las cualidades clásicas (el colérico, caliente y seco; el sanguíneo, caliente y húmedo, etc.), con la misma correspondencia que la tradición. A ello añade elementos propios: unos «núcleos de operación» (resultado, experiencia, vínculo, comprensión), una lectura de la forma del rostro, las proporciones y las manos, y la combinación de un biotipo dominante y otro subdominante, que recuerda al primario y secundario de Culpeper.
García Platas declara haberse formado entre 2009 y 2011 en los «biotipos Unani» con David Duarte, que enseña en México un «Sistema Unani» propio. Conviene distinguir ese sistema, una reinterpretación contemporánea, de la medicina Unani institucional. Algunas afirmaciones del modelo, como las proporciones de biotipos por país o las diferencias por sexo, no aparecen en las fuentes históricas consultadas. Hasta la fecha no hemos localizado ninguna validación independiente de este modelo ni del de Duarte en la literatura científica. Eso no prueba que sean falsos, pero sí que sus afirmaciones deben leerse como propuestas de sus autores.
Los cuatro temperamentos
Esta es la tabla clásica, tal como la recogen las fuentes históricas:
| Temperamento | Humor | Cualidades (Galeno) | Estación | Kant | Eysenck |
|---|---|---|---|---|---|
| Sanguíneo | sangre | caliente y húmedo | primavera | del sentimiento | extravertido estable |
| Colérico | bilis amarilla | caliente y seco | verano | de la actividad | extravertido inestable |
| Melancólico | bilis negra | frío y seco | otoño | del sentimiento | introvertido inestable |
| Flemático | flema | frío y húmedo | invierno | de la actividad | introvertido estable |
En el lenguaje cotidiano que ha llegado hasta hoy, al sanguíneo se le atribuye viveza, sociabilidad y facilidad para el cambio; al colérico, energía, decisión y cierta impaciencia; al melancólico, profundidad, reflexión y sensibilidad; y al flemático, calma, constancia y serenidad. Son retratos útiles para conversar, pero conviene recordar que nacieron de una fisiología que hoy sabemos equivocada y que ninguna persona cabe entera en uno de ellos. Galeno, de hecho, ponía en el centro de su esquema una novena posibilidad: la mezcla templada.
Por qué los «biotipos» parecen acertar
Mucha gente siente que una descripción de su biotipo «le clava». Hay dos razones bien estudiadas que explican esa sensación sin necesidad de que el modelo sea cierto.
La primera son los estereotipos corporales compartidos. En un estudio de 2018, Hu y colaboradores mostraron a participantes figuras corporales en tres dimensiones y les pidieron que juzgaran su personalidad. Las respuestas coincidieron mucho entre personas: todos tendemos a atribuir rasgos parecidos a cuerpos parecidos. Pero ese consenso es un estereotipo, no un acierto. Cuando alguien ve su cuerpo descrito junto a unos rasgos, reconoce el estereotipo que comparte con su entorno, y eso se parece mucho a sentirse descrito.
La segunda es el efecto Barnum: las descripciones de personalidad generales y favorables encajan con casi cualquiera. Frases como «a veces eres sociable y otras necesitas tu espacio» parecen personales, pero valen para casi todo el mundo.
Frente a eso, la evidencia directa es escasa y no favorable. En un estudio con 45 personas no se encontró asociación significativa entre el somatotipo y el temperamento, y ni Kretschmer ni Sheldon resistieron la crítica posterior. El temperamento existe, pero es otra cosa que la forma del cuerpo.
Qué mide nuestro cuestionario y qué no
El cuestionario de temperamento de Maorama es un modelo propio, en versión 2 y en estudio: diez preguntas con cuatro maneras de responder, una por temperamento, entre las que eliges la que más se parece a ti. Ocho preguntas proceden de 4biotipos, reutilizadas con autorización de su propietario, y dos conservan situaciones de reacción emocional del banco anterior. Cada elección mueve tu posición en los dos ejes a la vez. Recoge la herencia de dos ejes de Wundt, la distinción de Kant y los cuadrantes de Eysenck, pero no reproduce ninguno de ellos. Propone dos dimensiones con nombres tomados de las cualidades clásicas:
- Calor, entre lo activo (impulso hacia la acción, el resultado y la rapidez) y lo receptivo (pausa, reflexión y ritmo propio).
- Humedad, entre lo abierto (apertura social, mezcla, expresión hacia fuera y flexibilidad) y lo contenido (estructura, interioridad, reserva y límites claros).
Con ellas, el colérico queda como activo y contenido (arriba a la izquierda del plano); el sanguíneo, como activo y abierto (arriba a la derecha); el melancólico, como receptivo y contenido (abajo a la izquierda); y el flemático, como receptivo y abierto (abajo a la derecha). En el flemático, «abierto» significa adaptable y conciliador, de emoción que pasa pronto, no necesariamente sociable.
El resultado final es un único temperamento y se interpreta por elecciones directas, no por la posición media del plano. Cada respuesta suma un punto al temperamento elegido, sin restar a su opuesto. La puntuación más alta determina el resultado. Si varias empatan en el máximo, aparece una pregunta adicional con reacciones asociadas solo a esos tipos: tu elección concreta el resultado, sin seleccionar un ganador por el orden de las opciones. Esa pregunta no altera los recuentos base ni la media del plano. Es una regla descriptiva propia, no un procedimiento psicométrico validado.
El plano sigue mostrando el promedio de los dos ejes, pero un punto central no demuestra equilibrio psicológico ni un quinto temperamento. Por ejemplo, cinco elecciones coléricas y cinco flemáticas se compensan en el plano: se pide la pregunta adicional y después se muestra solo el tipo concretado por esa respuesta. Los recuentos describen respuestas, no porcentajes de personalidad. La claridad del predominio indica cuánto destaca una puntuación frente a las demás, no la fiabilidad psicométrica del test. El desempate no aumenta artificialmente esa claridad ni convierte la orientación en un diagnóstico.
Lo que no hace este cuestionario:
- No usa la forma del cuerpo, la cara ni las manos, ni pide fotografías.
- No tiene en cuenta el sexo, la nacionalidad ni el estado de salud.
- No da consejos de dieta, salud, profesión ni pareja.
- No es un diagnóstico ni una medida validada. Antes de retirar el sello «en estudio», el modelo debe superar pruebas de fiabilidad, estabilidad en el tiempo y estructura de dos ejes, una comparación con un cuestionario abierto de los cinco grandes rasgos y una prueba contra el efecto Barnum: que las personas reconozcan su propio informe frente a uno ajeno por encima del azar. Si no las supera, se presentará abiertamente como un lenguaje de reflexión, no como una medida.
Mientras tanto, la mejor manera de usar el resultado es como punto de partida para observarte: cuándo te pones en marcha, cuándo prefieres esperar, con quién te abres y dónde te reservas.
Para seguir leyendo
- La exposición en línea de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos Shakespeare and the Four Humors es una introducción visual y rigurosa a los humores.
- Passions and Tempers, de Noga Arikha, recorre la historia de los humores desde la Antigüedad hasta la neurociencia.
- La sección sobre los temperamentos de la Antropología de Kant se puede leer en alemán en la edición en línea de Korpora.
- The Anatomy of Melancholy, de Robert Burton (1621), está disponible gratis en Project Gutenberg.
- Galen’s Prophecy, de Jerome Kagan, tiende un puente entre la intuición antigua y la ciencia actual del temperamento.
- Para las tradiciones asiáticas, el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos (NCCIH) ofrece fichas sobre la evidencia del Ayurveda y la medicina china.
Fuentes
- Hipócrates (corpus hipocrático), trad. W. H. S. Jones, Loeb Classical Library (1923)
- Stanford Encyclopedia of Philosophy, «Galen» (entrada en línea)
- Ibn Sina (Avicena), Canon de medicina (ed. inglesa, 1999)
- Juan Huarte de San Juan, Examen de ingenios para las ciencias (1575)
- Immanuel Kant, Antropología en sentido pragmático, AA VII, p. 286 (1798)
- Wilhelm Wundt, Grundzüge der physiologischen Psychologie (1874)
- Rudolf Steiner, Los cuatro temperamentos, conferencia de Berlín (1909)
- Ernst Kretschmer, Körperbau und Charakter (1921)
- Patricia Vertinsky, Physique as destiny: William H. Sheldon, Barbara Honeyman Heath and the struggle for hegemony in the science of somatotyping (2007)
- Hans J. Eysenck, The biological basis of personality (1967)
- Barbara H. Heath y J. E. Lindsay Carter, A modified somatotype method (1967)
- Jerome Kagan, Galen's Prophecy (1994)
- Mary K. Rothbart, Stephan A. Ahadi y David E. Evans, Temperament and personality: origins and outcomes (2000)
- C. Robert Cloninger, Dragan M. Svrakic y Thomas R. Przybeck, A psychobiological model of temperament and character (1993)
- Ying Hu et al., First Impressions of Personality Traits From Body Shapes (2018)
- P. Catell y R. Metzner, Associations among somatotype, temperament and self-actualization (1993)
- Venkat Kurande et al., Interrater reliability of diagnostic methods in traditional Indian ayurvedic medicine (2013)
- Wendy Wong et al., Validation of the constitution in chinese medicine questionnaire (2013)